São Paulo/Natal (Día 1)
Miércoles, 9 de diciembre de 2009 | Sin clasificar
Tacones, almohadas y galletas
La gran mayoría de los vuelos que hago dentro del espacio Schengen Shengren europeo suelen resultar muy mecánicos y asépticos (a no ser que vueles en Ryanair, cosa que aun no he probado pero que debe resultar excitante) La gente guarda cola ordenadamente, desfilan hasta sus asientos sin rechistar y se largan por donde han venido.
Otro caso aparte son los vuelos en América, incluidos los Estados Unidos. El porcentaje de gente que parece que vuela por primera vez es altísimo, o al menos eso parece. Gente cargando cajas de cartón que incumplen las normas de equipaje de mano, señoras con tacones de 8 cm, emperifolladas y pintadas como una puerta, quienes tras 8 horas de avión parecen un boceto de un cuadro de Picasso; y almohadas, muchas almohadas, miles de almohadas de todos los tamaños, incluso familiares, con sus fundas de algodón y lino, sus estampados (hoy, por ejemplo, a rayas blanca y negras, muy al estilo Ikea), y hasta cojines de ganchillo de pura lana que no cablen en la maquina de rayos X y tienen que ser examinados a mano.
Pero hoy en el vuelo entre São Paulo y Natal no he visto almohadones, ni tan siquiera un triste refuerzo cervical. Sin embargo, para no perder el surrealismo americano, se ha sorteado entre los miembros del pasaje dos cajas de galletas de chocolate, cortesía del proveedor del desayuno. Y encima, como volaba en el asiento 1C, me ha tocado ser la “mano inocente” que sacaba los números de una bolsita para el mareo. ¡Mi primera labor de azafata en vuelo!
Natal parece por el momento el típico destino playero, con un urbanismo algo asalvajado, calles estechas y hoteles de lujo con playa privada. Me ha venido a buscar al aeropuero una muchacha muy animada y charlatana que no habla una palabra de portuñol. No entiendo una mierda de lo que me está contando, pero tiene tan buena voluntad que le digo que sí a todo y ya veremos si mañana acabo en Fernando de Noronha o en el Matto Grosso…
El Atlántico Sur es de un color verde turquesa intenso, calmado, sin una sola ola. Contrasta con el ajetreo de las calles de Natal, llenas de autobuses curtes (para locales) y autobuses menos curtes (para turistas) Todavia no he tenido ocasión de explorar un poco más la ciudad, aunque tengo la sensación de que todo lo interesante está a varias horas en minibus.
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