De camino a Fernando de Noronha (Día 2)
Jueves, 10 de diciembre de 2009 | Sin clasificar
Recuerdo vívidamente la primera vez que volé solo. Debía de tener unos 10 u 11 años y mi madre me envió unos días a Barcelona con mis primos a pasar algún mes de verano. Por aquella época solíamos jugar a cualquier cosa que implicase freírse a tiros los unos a los otros (vaqueros, terminator, albano-kosovares), así metí en mi maleta toda suerte de pistolas, rifles y revólveres con los que contaba en mi arsenal.
La sorpresa fue mayúscula cuando a mi pobre madre la obligaron a facturar tales objetos como “material peligroso” en una caja de cartón roja y blanca, y le obligaron a firmar un papel responsabilizándonos del contenido. Para no ser menos, a un servidor también le colgaron del cuello un distintivo rojo y blanco (en un principio pensé que yo también era “material peligroso”, luego resultó ser que los todos los niños que viajan solos deben llevarlo) En fin, fue la primera ocasión en la que me encontré con la seguridad aeroportuaria en las narices, aunque con final feliz (esas vacaciones finalmente liquidé a mi primo pequeño, aunque el sostenga lo contrario)
También recuerdo, aunque con no tanta alegría, la primera vez que subí en un bimotor de hélice. Fue hace un par de veranos, donde un desagradable incidente me llevó de una experiencia poliorgiástica en uno de los famoso sevens de rugby-playa a una de las situaciones más difíciles de toda mi vida.
Pero como este es el año de las reconciliaciones, hoy me tengo que reconciliar con los bimotores turbohélice. El vuelo a Fernando de Noronha desde Natal ha durado poco menos de una hora en uno de los aviones más confortables en los que he volado nunca. Sin llegar a ser un jet privado, la compañía TRIP realiza esta ruta con una aeronave nueva, esclarida (termino casero para referirse a lo limpio y reluciente) y sorprendentemente silenciosa. A todo confort.
Al llegar al aeropuerto de Fernando de Noronha, lo primero que sorprende es lo bien organizado que tienen el cobro de la eco-tasa de estancia en la isla. Puedes correr pero no esconderte, aunque dispones de todas las facilidades para pagar. Por 4 días me han clavado unos 170 reales (65 euros), lo cual es una idea encantadora si realmente el dinero acaba en la isla. Según parece es obligatorio que las pousadas declaren todas las reservas, puesto que el Sr. Funcionario contaba con mi nombre, alojamiento y numero de noches.
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