De los trámites y la productividad
Viernes, 27 de febrero de 2009 | Sin clasificar
Un dato no hace una realidad, pero una realidad hace un dato. Hace un rato leía un post muy indignado de Alfredo Romeo titulado Indignación, donde se queja, no sin razón, del robo que suponen los trámites y especialmente los notarios en este país. Los fedatarios en España cuestan un auténtico pastón, teniendo en cuenta que su responsabilidad es ninguna si algo de lo que firmaron es ilegal, incorrecto o causa un perjuicio a un tercero. En este artículo trataré de dar mi visión sobre el por qué de la indignación de este em(presario|prendedor) cordobés.
Siempre oímos que España tiene un problema serio de competitividad. Tenemos unos costes sociales elevados y no somos competitivos en precio en este mundo globalizado en el que vivimos. Tampoco somos competitivos en innovación, ya que, aunque existen honrosas excepciones, las empresas no se dan de tortas por venir a nuestro país a desarrollar nuevos productos y servicios. Quitando el tema de la construcción somos un país de servicios, de buenas ideas de negocio y de gente imaginativa, pero con una cultura de pocas horas dándole al callo.
Sin embargo la productividad no solamente tiene que medirse por el total de unidades producidas por un trabajador en un espacio de tiempo, sino también por el esfuerzo que eso supone, aplicando un factor correctivo. Es decir, no solamente influye el tiempo sino el coste (en sudor o neuronas) que lleva a un empleado realizar una tarea. Esto se ve tremendamente influenciado por la burocracia ya sea estatal o corporativa.
Y es que la solución a todo problema es montar una reunión con el equipo para repartir unas cuantas broncas. Si el problema es de, digamos, el tamaño de una mancha de chapapote, montamos un comité asesor-consultivo para estudiar las causas y las posibles soluciones (en política lo llaman “comisión del senado” o algo así) La bola de mierda nieve se va haciendo cada vez más grande hasta que alguien pega un taconazo, todo el mundo se pone firme, y el problema se soluciona (o se entierra bajo una alfombra) Eso también afecta a la productividad de los procesos y proyectos que se llevan a cabo…
Pero volviendo al tema principal, e influenciado por la pasión que me inclucó José Carlos por los datos y las comparativas, le he dado un repaso al Global Competitiviness Report del World Economic Forum y me ha salido esta gráfica.
En ella se comparan cuántos días se tarda en arrancar una empresa en los países del G8 y en España. Los datos, extraídos forman parte del informe 2008 sobre competitividad, y muestran algunas cosas interesantes. En España se tardan 47 días en montar una empresa, el doble que en Japón, uno de los países con la burocracia más pesada del mundo (23 días) Rusia es el país donde más se tarda después de España (29 días), y de seguro sus servicios públicos un pelín más deficientes que los españoles. En Estados Unidos y Canadá un emprendedor tarda menos de una semana en tener su empresa legalmente constituida, pero para aquellos que digan que “al otro lado del charco las cosas son diferentes”, en Francia se tardan exactamente 7 días en poner una empresa en funcionamiento.
¿En dónde se quedan esos 47 días españoles? Mucho ha llovido desde que fundamos Know Gate, pero recuerdo todos los pasos para montar la SL como un cúmulo de despropósitos: trámites contradictorios y mutuamente excluyentes, plazos y fechas de entrega irrisorios (incluido algún 30 de febrero) y sobre todo ver cómo nuestro dinero se evaporaba en costes notariales, inscripciones registrales e impuestos por no haber hecho nada. Se supone que la nueva figura de la Sociedad Limitada Nueva Empresa iba a soliviantar estos problemas: trámites telemáticos, costes reducidos y tiempos de entrega ajustados a 72 horas. Lo malo es que todos los asesores fiscales recomiendan no montar una SLNE, cuya forma de gobierno y objetivos está muy limitada y pone muchas trabas a la hora de organizar las operaciones de la compañía.
Una de mis frases favoritas (no sé si realmente es mía o la leí en algún sitio) es que España es un país de Lazarillos y Quijotes. Tal vez por eso nuestra cultura sea realmente tan conservadora en la emprendiduría y vivamos inmersos en tanta burocracia; necesitamos un sistema que nos proteja de los pícaros y los locos, aunque ese sistema sea un cedazo por el que se nos cuela cada cosa que tira de espaldas…
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