Middleclouding
Martes, 7 de octubre de 2008 | Sin clasificar
Como comenta Sergio en su blog, ayer tuvimos una interesante conversación sobre cómo aprovechar las nuevas oportunidades del cloud computing en hipergate. La idea surge a raíz de una discusión en Slashdot; crear tu propia infraestructura bajo tu control (y con unos costes fijos y metrizables) y mandar el exceso de carga a un proveedor externo.
La primera aplicación práctica de estos servicios es deshacerse del marrón que supone el almacenamiento en disco. A pesar de que el precio por megabyte ha bajado de manera espectacular los últimos 25 años, el coste de mantenimiento de la infraestructura de discos, cintas de backup, redes SAN y softwares varios sigue siendo caro. Son muy pocos los ISPs que disponen de soluciones de almacenamiento en red para sus clientes (con honrosas excepciones), y la gran mayoría de ellos te llevan directamente a una solución a medida donde tú compras el hierro, tú lo montas y tú lo mantienes.
El almacenamiento es, no obstante, algo fácil de medir, controlar y escalar si la infraestructura y la aplicación se diseñan correctamente. Los servicios como Amazon S3 se pueden integrar de manera relativamente sencilla (véase el caso de Basecamp, por ejemplo) y crear economías de escala en las aplicaciones web. No obstante sería interesante analizar la eficiencia económica en entornos empresariales (imagínense, por ejemplo, una intranet alojada en Amazon…)
Sin embargo el tema que discutíamos ayer mi hermano y yo no era tanto el almacenamiento, que se daba por descontado, sino la capacidad de proceso. Lo auténticamente interesante sería poder mandar ciclos de CPU de acciones de clientes (por ejemplo una consulta o un cálculo complejo) Esto descongestionaría la infraestructura local para dar servicio y “repartir” las tareas más eficientemente entre los distintos proveedores. Al final los servidores locales se convierten en brokers para los distintos servicios de la nube.
Para ello las aplicaciones tienen que ser conscientes no solamente de lo que están haciendo sino de cuál es el esfuerzo (incluso en términos económicos) de la tarea que desarrollan. Una aplicación correctamente diseñada sabría que determinada función debe enviarse a la nube para economizar recursos locales, o que debería mantenerse cerca de otra función para ahorrarse el round trip que se genera.
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